Qué escucha y que tiene Milei en la cabeza? Esta vez el caso Malvinas
Por @todopasamdp
A ver, arranquemos por el principio, porque el detonante de todo este delirio geopolítico fue esa frase en la entrevista con la periodista de GB News donde Trump, con esa soltura que lo caracteriza, soltó el famoso "you took it back pretty strongly".
O sea, mirándolo bien, el tipo le estaba dando una palmadita en la espalda a los británicos por lo que hicieron en el 82. Le estaba diciendo a la conductora: "ustedes se portaron re bien, las recuperaron con fuerza". Un elogio directo a la Tatcher y al despliegue militar inglés. Pero claro, en la cabeza de Javier Milei —y en la maquinaria del ecosistema libertario— esa declaración no entró como una felicitación a Londres, sino como el chispazo de una grieta gigantesca entre la Casa Blanca y el Reino Unido.
¿Qué fue lo que verdaderamente se disparó en la cabeza del presidente?
Pensándolo bien, Milei no escuchó el elogio histórico; escuchó el veneno geopolítico que vino inmediatamente después. Escuchó a Trump diciendo que las islas quedan lejísimos, que el Reino Unido está en decadencia y que encima no mandaron barcos a darle una mano al estrecho de Ormuz. Ahí el cerebro de Milei hizo un cortocircuito hermoso: vio la oportunidad de traducir esa factura que Trump le estaba pasando a los ingleses como un guiño implícito a favor de Argentina. Fue como si dijera "pará, si Trump les está soltando la mano a los británicos por tacaños con el presupuesto de la OTAN y por no acompañarlo en las guerras comerciales, estos son los famosos vientos de cambio".
A partir de ahí, la bola de nieve no paró de rodar.
El Gobierno salió a meter el Decreto 868 allá por septiembre, apretando a las petroleras como Navitas o Rockhopper, cruzándoles la cancha con el RIGI en Vaca Muerta para obligarlas a elegir entre el continente o el offshore malvinense. Una jugada de ajedrez financiero que en Wall Street ni despeinó a los bonos, pero que en las bolsas de Londres y Tel Aviv dejó a un par de acciones tambaleando.
Y acá es donde el pragmatismo transaccional se vuelve casi una comedia de enredo.
Porque si uno ata todos los cabos sueltos —la desesperación argentina por secar la plaza de dólares y sacarse de encima la soga al cuello del FMI, la devoción ideológica casi mística hacia Washington y la obsesión de EE.UU. por frenar a China en el Paso Drake— la conclusión a la que se puede llegar bordea el disparate absoluto, pero encaja perfecto con la época.
¿Qué tal si la jugada maestra al final no es recuperar la soberanía en la ONU con discursitos formales, sino la transacción definitiva?
Pensándolo un segundo... imaginate la escena en el Despacho Oval. Milei entra con el contrato bajo el brazo y le plantea el negocio del siglo a Trump: "Mirá, Donald, vos querés una base gigante en el Atlántico Sur para controlar la Antártida, ahogar a los chinos y castigar a los británicos que no te pusieron la teca para la defensa... nosotros tenemos las islas en el reclamo y una deuda impagable de 45.000 millones de dólares con el Fondo que nos dejó la gestión de Macri allá por el 2018. Se las vendemos o les firmamos un leasing por noventa y nueve años a ustedes a cambio de que nos cancelen la cuenta con el FMI y nos manden unos cuantos miles de millones para emprolijar las reservas del Central".
Sería el cierre perfecto para este sainete: EE.UU. se queda con el cerrojo del Atlántico Sur sin pegar un tiro, el FMI cobra en papeles геоpolíticos, los británicos se quedan mirando el mapa desde Londres sin entender qué pasó, y acá festejamos la "libertad financiera" habiendo privatizado literalmente un archipiélago. Un disparate total, sí... pero con este mapa geopolítico tan dado vuelta, andar descartando locuras ya parece un lujo de otra época.

Comentarios
Publicar un comentario