Milei se expone ante adolescentes y deja más preocupaciones


Por @Todopadamdp

Te venden la famosa "seguridad jurídica" como un dogma sagrado mientras la calle es un terreno minado donde llegar a fin de mes roza el milagro. A ver, la distancia entre las planillas que miran en la Quinta de Olivos y la vida cotidiana de cualquier laburante ya no es una brecha; es un abismo de crueldad. Mientras las familias hacen malabares imposibles para pagar las tarifas, la comida o el colectivo, tenemos a un hombre literalmente solo, atrincherado en su propia comedia mesiánica, hablándole al país desde un termo ideológico que no conecta con un solo problema real.

Porque hay que decirlo con todas las letras: ir a un colegio secundario a montar un show personal no es dar ninguna batalla cultural. Es una muestra de desconexión escalofriante. Mientras la economía real se desploma y la heladera de la gente chilla, el Presidente se encierra en una tribuna escolar a buscar el aplauso fácil de un puñado de pibes y a descargar su resentimiento contra la prensa. Es el espectáculo de la soledad del poder. Un tipo aislado de la angustia colectiva que prefiere refugiarse en fantasías bíblicas antes que mirar a los ojos el desastre que provocó en la calle.

Y encima te hablan de respeto a las instituciones. Por favor.

Subirse al atril de la ORT para pedir que abucheen periodistas y tildar a cualquier opositor de "satánico" violó cuanto marco legal existe. Ahí tenés tirada a la basura la Ley de Ética en la Función Pública (la 25.188), que en su artículo 2 prohíbe explícitamente usar la investidura o los actos oficiales para hacer propaganda partidaria o salir a cazar brujas. Tampoco les importó la Ley de Educación Nacional (26.206), que en su artículo 126 les garantiza a los alumnos el derecho a no sufrir imposiciones dogmáticas dentro del aula. Pero claro, cuando el fanatismo aprieta, la Convención sobre los Derechos del Niño (esa con rango constitucional por el artículo 75 inciso 22 de nuestra Carta Magna) y la ley nacional 26.061 pasan a ser papel mojado.

Lo de Marx roza directamente lo ridículo. Agarrar Oulanem, un drama en verso que escribió un Karlitos de 19 años allá por 1837 —en plena fiebre del romanticismo gótico, cuando los universitarios alemanes jugaban a hacerse los poetas malditos estilo Byron—, y usarlo para decretar que el marxismo es un "programa satánico" sacado de un libro del pastor Wurmbrand... miren, qué quieren que les diga. Hay que estar muy solo y muy desconectado de la realidad para creer que la gente no llega a fin de mes por culpa de un pacto demoníaco del siglo XIX. El materialismo histórico tuvo fallas teóricas enormes pero reducir la historia socioeconómica a un cómic de ángeles y demonios mientras el país real se hunde es de una liviandad que roza la irresponsabilidad gubernamental.

Reclamar seguridad para los mercados mientras se siembra la mayor de las arbitrariedades dentro de un colegio es una estafa. La única inseguridad que hoy angustia a los argentinos es no saber si el mes que viene van a poder pagar el alquiler o la comida. Y frente a eso, la respuesta del Estado no puede ser el monólogo delirante de un hombre encerrado en su propio espejo... pero bueno, supongo que el cansancio social tarde o temprano se cobra estas cosas.


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