El fútbol en cuatro cuartos: cuando el negocio venció a la mística
Editorial Diego Armando Maradona, con esa clarivirgencia casi mística que tenía para anticipar las trampas del poder antes de que existieran los planos para construirlas, lo soltó en 2014 con el desparpajo de quien tira un centro a la cabeza: “Los americanos van a querer cuatro tiempos por la publicidad” . Doce años después, sentados frente a las pantallas devorando el Mundial 2026, la profecía no solo se cumplió, sino que la compramos con pochoclos incluidos. El fútbol, ese viejo deporte de ritos inalterables y resistencia física, ha sido finalmente colonizado por el manual de la NBA y el Super Bowl. Y lo más perturbador de todo no es que haya sucedido; lo verdaderamente fascinante es que nos encanta. No nos engañemos con el relato oficial. Las pausas obligatorias de hidratación en los minutos 22 y 67, aplicadas con una rigidez militar tanto en el calor sofocante de Monterrey como bajo el techo climatizado de Atlanta, no son un gesto humanitario de la FIFA para cuidar las pierna...