El Mundial de las dos finales
Por @amarcosfranco Este Mundial nos dejó masticando bronca el último domingo contra los Españoles, sí, con los pibes diezmados y las piernas hechas hilachas por las lesiones que nos venían limando el motor, pero la verdadera gloria ya la habíamos manoteado unos días antes. Nos tocó jugar dos finales. Una fue la del cuerpo; la otra, la del alma. La de Atlanta fue la de las tripas A ver, pensándolo bien, ganarle a Inglaterra con ese zarpazo agónico sobre la hora no fue una simple llave eliminatoria, por más que los analistas perfumados de la televisión, el gobierno de Milei y algunos protagonistas sorprendidos nos querían convencer en la previa que era "solo un partido" (qué ganas de no entender nada del peso de la historia, por favor). Cuando terminó esa guerra y apareció la sábana vieja pintada con marcador negro en medio del césped moderno de Estados Unidos —tosca, desprolija, levantada por pibes que son estrellas mundiales pero que tienen el mapa grabado en la piel— algo s...