La moral a la carta de Zurich: bombas impunes y la histeria por un trapo

 


Por @Todopasamdp

A ver... hablemos de la vara doble que maneja el fútbol internacional porque lo que vivimos en las últimas semanas traspasa todos los límites del cinismo. Mientras la aviación estadounidense bombardea objetivos en medio del conflicto armado con Irán y provoca repercusiones directas en el deporte, los escritorios de la CONCACAF, la UEFA y la FIFA parecen un retiro de monjes en voto de silencio. Ni una objeción diplomática, ni un comunicado de compromiso apelando a la paz, nada. Si los ataques llevan el sello de Washington, en los palcos de Zurich se mira para otro lado y el espectáculo comercial debe continuar.

Pero, ah... la historia cambia drásticamente cuando los jugadores festejan una victoria ante Inglaterra desplegando en la cancha una sábana pintada a mano que recuerda que las Islas Malvinas son argentinas. Ahí sí salta la alarma de inmediato. Los tabloides británicos arman un escándalo de proporciones bíblicas, la FIFA apura la apertura de un expediente disciplinario citando sus normas contra la propaganda ideológica y en las redes se desata una ola de disparates inventando supuestas amenazas de expulsión por diez años.

Pensándolo bien, el contraste es casi grotesco. Las autoridades norteamericanas pueden demorar los visados de la delegación iraní hasta la víspera de sus partidos o ejercer presiones de pasillo sobre la dirigencia de la FIFA, y el Consejo responde con sonrisas serviles. En cambio, una manifestación pacífica sobre un reclamo de soberanía histórico es tratada como una afrenta intolerable a la supuesta "pureza" del torneo.

O sea, seamos realistas: cualquier sanción que decidan aplicarle a la AFA por la bandera va a ser jurídicamente ridícula e insignificante en términos deportivos. Terminará siendo el trámite burocrático de siempre, una multa de algunos miles de francos suizos que la AFA liquidará mediante un giro bancario sin despeinarse.

Al final, la verdadera quiebra no la sufre la Selección Argentina ni su gente. La quiebra la sufre el relato de la neutralidad suiza. Cada vez que intentan disciplinar a los jugadores por mostrar un trapo mientras se sientan a cenar con los promotores de las guerras, confirman lo de siempre: los estatutos de ética no son más que una simple lista de precios para proteger la caja registradora.

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