Peñarol apuesta a la experiencia en la Liga Nacional

 


Por @todopasamdp

El armado que cerró la CD con Leandro Ramella entusiasma por la jerarquía individual y el sentido de pertenencia —eso no se discute en la calle Córdoba—, pero si uno rasca un poco la pintura aparecen cuatro interrogantes tácticos y estructurales bastante bravos para bancar una temporada entera de 38 partidos más viajes larguísimos.

1. El factor del documento y el tanque de nafta

A ver... tenés a Al Thornton flotando en los 42 años, Selem Safar arañando los 39, Seba Vega con 38 e Iván Basualdo arriba de los 35 o 36. O sea, la columna vertebral del equipo junta más batallas que casi cualquier otro plantel de la categoría. Si bien la calidad está intacta y en partidos de ritmo semi-lento te caminan la cancha con el control remoto, el problema va a ser la dinámica de visitante. Cuando toque meter esa clásica gira tóxica por Formosa y Corrientes para jugar tres partidos en cinco días a 35 grados de calor, ¿cómo reacciona ese físico contra pibes de 22 años que te presionan la salida toda la cancha? Ramella va a tener que gestionar los minutos con cuentagotas para no llegar a marzo con los referentes arrastrando las piernas.

2. La soledad en la zona pintada

Esta es la duda que más ruido hace en la platea del Polideportivo. Tenés a Iván Basualdo fajándose abajo contra los pivots pesados de la liga, secundado por la proyección de Nacho Bednarek, pero después de eso... casi nada. Thornton juega de cuatro abierto y le escapa al roce sistemático de espaldas al aro (lo cual tiene todo el sentido del mundo a su edad), mientras que Giorgetti y Vega son aleros grandes reconvertidos. Si Basualdo se te carga de faltas rápido en un primer cuarto contra un pivote dominante estilo Quimsa o Instituto, el equipo queda regalado en el rebote defensivo. Falta un metro noventa y pico pesado que venga a dar cinco faltas con ganas.

3. El margen de maniobra con las fichas (el famoso 83%)

Pensándolo bien, la planilla de Pick and Roll marcaba 10 confirmados sobre el cupo máximo. Al completar 9 fichas mayores de entrada —trayendo a Safar, Giorgetti, Vega, Jaime, más las continuidades de Guerra, Pérez Tapia, Thornton y Basualdo— te quedaste prácticamente sin margen en la caja para corregir sobre la marcha. Si a mitad de torneo te das cuenta de que el perímetro se te queda corto en la marca o que necesitás un interno extranjero de refresco, tenés que cortar a alguien de nombre y trayectoria, con todo el quilombo que eso genera adentro del vestuario. El armado quedó blindado temprano, sí, pero rígido.

4. Manta corta: la transición defensiva

Juntar a Safar, Jaime y Pérez Tapia en el perímetro te garantiza un volumen de fuego exterior tremendo (si están dulces te clavan 10 triples en un abrir y cerrar de ojos). Pero la física no perdona: cuando errás el tiro de afuera y el rival te mete el contragolpe directo, la primera línea de contención sufre. La gran incógnita de Ramella va a ser cómo disimular esa falta de piernas para el repliegue sin tener que meterse en una zona 2-3 aburrida que te regale la bomba del rival.

En fin, plantilla para pelear arriba hay de sobra, pero la delgada línea entre pelear las semifinales o sufrir la segunda mitad del torneo va a depender de cómo administren el físico y la falta de centímetros en la cueva.

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