Las inseguridades de las que no habla nadie
Por @todopadamdp
A ver, entremos en el barro de una vez. Nos acostumbraron a que la palabra "inseguridad" signifique únicamente que un pibe te arrebate el celular en la parada del colectivo o la tragedia del chofer de Uber en el barrio Regional a principios de agosto —con sus 14 allanamientos, un sospechoso prófugo y la puerta giratoria funcionando a pleno—. Es la crónica roja clásica. La que vende minutos de televisión y llena las tapas de los diarios locales. Pero eso es apenas la espuma de la ola.
Nadie habla de las otras inseguridades. Las que no llevan sirenas ni luces azules.
BASTA DE INSEGURIDAD LABORAL!!! Si miramos los datos fríos, la foto de Mar del Plata da escalofríos. Allá por el primer trimestre del año, el INDEC tiró la cifra de desocupación en la ciudad: 9,3%. Cerca de 32 mil personas buscando laburo desesperadamente en plena temporada baja. Pero el número mentiroso se queda corto; si le sumás la gente que tiene changas miserables y los que trabajan a destajo para no caerse del mapa, la presión sobre el mercado laboral roza los 110 mil marplatenses. Y eso con una informalidad que en los barrios del fondo trepa por arriba del 43%. O sea, casi la mitad de la fuerza de trabajo local labura en negro, sin aportes, sin obra social y rezando para que no te echen mañana.
BASTA DE INSEGURIDAD ALIMENTARIA!!! Pensándolo bien (y mirando los informes de la UCA junto a Mar del Plata Entre Todos), uno de cada tres hogares en la ciudad arrastra privaciones multidimensionales. Traducido al criollo: familias que no saben si llenan la olla a la noche, si les cortan la luz o si llegan a pagar el alquiler. Eso es inseguridad alimentaria y económica directa. Es vivir con el estómago apretado todo el mes.
BASTA DE INSEGURIDAD SANITARIA!!! Hablemos de la salud.
El sistema privado cruje, los sanatorios recortan prestaciones porque no les cierran las cuentas o tienen paros por sueldos atrasados, y a mediados de año el Sanatorio Belgrano dejó colgados a miles de jubilados de PAMI de un día para el otro. ¿A dónde va toda esa masa de gente desesperada? Al sistema público, obvio. El HIGA vive colapsado, con días donde entran más de 20 pacientes para internación en un par de horas porque no hay cama en ningún otro lado. Y en los barrios, la red de atención primaria atiende a cuentagotas; salvo excepciones como Batán o Ameghino que abren todo el día, las salitas municipales bajan la persiana a la tarde. Si se te enferma un pibe a las diez de la noche en el barrio Belgrano o Sarmiento, tomate dos colectivos hasta el Materno Infantil o arréglatelas como puedas. Eso también es inseguridad sanitaria.
BASTA DE INSEGURIDAD EDUCATIVA!!! ¿Y los pibes? En las coberturas del crimen del chofer figuraban menores de edad metidos en el hecho. ¿A quién le sorprende? Con secundarias desmanteladas, sin infraestructura ni futuro laboral a la vista, la deserción en las periferias es un goteo constante. Cuando la escuela pierde capacidad de contención y el Estado no ofrece nada, la calle y la economía delictiva ganan por goleada.
Pedirle a la Bonaerense o a las cámaras del COM que resuelvan el hambre, la falta de trabajo digno, las guardias vacías y la desarticulación social es una estafa intelectual. El capitalismo de servicios y changas que tenemos en la ciudad expulsa gente todo el tiempo hacia la marginalidad, y después la política pretende gestionar ese desastre a puras razzias y promesas electorales. El sistema no está roto; funciona así. Concentra riqueza por un lado y reparte intemperie por el otro.
ENTONCES HAY QUE CAMBIAR EL SISTEMA
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