Los dueños del boleto y los talleres del olvido: detrás de la tragedia del Skatepark

 


Por @todopasamdp

Junio arrancó en Mar del Plata con el cachetazo del boleto a $1.922 y está cerrando de la peor manera: con sangre en pleno Boulevard Marítimo. El trágico siniestro vial del lunes 22 frente al Skatepark, donde un interno de la línea 532 se subió a la vereda, destruyó una garita y se llevó la vida de una joven de 18 años, no ocurrió en un vacío temporal. Se dio en el momento de mayor tensión del sector, desnudando la miseria de un sistema que cruje por los cuatro costados.

Tragedia, le dicen algunos. Accidente, prefieren los comunicados oficiales. Sin embargo, cuando se rasca la pintura de las unidades y se mira el entramado del poder real en la ciudad, la palabra que flota es otra: desidia.

Ajuste para el usuario, miseria para el laburante

El hecho ocurrió en un escenario de cinismo explícito. En estos mismos días, las cámaras empresarias del interior vienen extorsionando con pagar el medio aguinaldo de junio en seis cómodas cuotas, provocando que la UTA se declare en estado de alerta y amenace con un paro general de actividades. El argumento patronal es siempre el mismo: "no hay liquidez", "los costos no dan", "el sistema está quebrado".

Pero la pregunta cae por su propio peso: si el usuario ya paga una de las tarifas más caras de la Argentina y el Estado sigue inyectando millones en subsidios bajo nuevos esquemas de cálculo, ¿adónde va la plata?

El transporte público en General Pueyrredon no es un sistema competitivo; es un monopolio absoluto camuflado bajo distintas firmas que responden a un mismo apellido: Inza. La matriz de pensamiento de este holding —el mismo procesado históricamente por la famosa estafa de los "choferes fantasma"— siempre ha sido igual: maximizar la recaudación directa en la máquina SUBE, licuar los costos operativos y presionar políticamente usando el sueldo de los trabajadores como escudo. La verdadera brecha no está en sus balances; está en la distancia que hay entre sus ganancias y la inversión real que llega a las fosas de los talleres de mantenimiento.

Lo que la pericia del viernes debe responder

El fiscal Germán Vera Tapia investiga un "Homicidio culposo". El chofer dio negativo en alcoholemia y las propias pasajeras declararon que el micro empezó a tambalear y se volvió imposible de maniobrar de un momento a otro. Todo apunta a una falla mecánica súbita en el sistema de dirección o frenos.

Es ahí donde la lupa debe posarse sobre los galpones del monopolio:

  • ¿Cómo se explica que falte plata para el aguinaldo y el mantenimiento básico, pero se sostenga una estructura de ganancias netas?

  • ¿Qué calidad de repuestos se están utilizando en talleres que operan bajo el amparo de una "prórroga de emergencia" que los exime de renovar la flota?

  • ¿Existe un control real por parte del Municipio, o la Verificación Técnica Vehicular (VTV) de los micros es un mero trámite administrativo que se firma en una oficina?

Cuando un colectivo se queda sin dirección a media tarde en la avenida más transitada de la ciudad, no falló una tuerca: falló la cadena de mandos y controles. Las unidades acumulan kilómetros y fatiga de material de manera criminal porque las empresas saben que el poder político local les garantizará una quinta, sexta o séptima prórroga para seguir estirando la vida útil de una flota obsoleta.

El "Crimen Social" de la rentabilidad

Financiar el transporte público en Mar del Plata se convirtió en un juego perverso donde el usuario pone el cuerpo y el bolsillo, los choferes tienen que rezar para cobrar en término, el Municipio firma los aumentos de espaldas a la gente mediante facultades delegadas, y las empresas retienen la ganancia limpia.

Si la pericia de este viernes confirma científicamente que el interno de la línea 532 sufrió un colapso mecánico, el debate por el nuevo pliego de transporte en el Concejo Deliberante tiene que cambiar de cuajo. Ya no se trata de discutir fórmulas polinómicas o índices de pasajeros por kilómetro para ver cuánto más se le permite ganar al monopolio. Se trata de entender que cuando la rentabilidad empresarial se defiende vaciando los talleres y retaceando los salarios, el costo del servicio ya no se mide en pesos: se termina pagando con vidas en la vereda.

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