Del escritorio de La Nación al frío del puerto: El abismo de los "consejos" económicos


Por @todopasamdp

 Esta semana, el economista Juan Carlos de Pablo publicó en La Nación una columna que es, cuanto menos, un ejercicio de audacia teórica. Bajo el título "Consejo no pedido a los 920 despedidos por Fate", el analista les propone una receta matemática: reducir gastos a dos tercios, "dosificar" la indemnización y no "distraerse" con reclamos gremiales o esperanzas de reapertura.

Visto desde una oficina en Buenos Aires, el cálculo de que un trabajador con 20 años de antigüedad puede vivir dos años y medio de sus ahorros suena a lógica pura. Pero si cruzamos la avenida Juan B. Justo y nos metemos en el corazón de nuestro Puerto, la editorial de De Pablo no es un consejo: es una bofetada de realidad distorsionada.

La ficción de la indemnización

De Pablo asume que todo trabajador despedido sale con un cheque bajo el brazo equivalente a dos décadas de aportes. En el Puerto de Mar del Plata, sabemos que esa es la excepción y no la regla. En un ecosistema dominado por cooperativas "de pantalla" y fraude laboral, el filetero o la envasadora que se queda sin laburo hoy, muchas veces no tiene indemnización que dosificar. Para ellos, el consejo de "reducir gastos" no es una opción financiera, es la diferencia entre comer o no.

El disciplinamiento por la resignación y la paradoja empresaria

Lo más peligroso de la columna no es su error de cálculo social, sino su carga política. Al pedirle a los trabajadores que no "metan presión" y que acepten el cierre como un hecho de la naturaleza —comparando la lucha colectiva con la probabilidad de ganar la lotería—, lo que se busca es el disciplinamiento. Ya no hace falta el miedo para desarticular la organización obrera; ahora alcanza con la idea de que "no hay alternativa".

Esta "resignación" que se le pide al laburante contrasta brutalmente con la hiperactividad de las cámaras empresarias del puerto marplatense. Mientras el consejo al operario es que se ajuste y no reclame, los dueños de los barcos y las plantas de procesamiento redoblan su presión sobre el Gobierno. Sus reclamos son constantes: exigen baja de retenciones a la exportación, subsidios al combustible y una "flexibilización" de los convenios laborales que no es otra cosa que legalizar la precarización que ya existe. Para el capital, la lucha y la presión son herramientas legítimas de "visión estratégica"; para el trabajo, son una "distracción" que lleva al fracaso.

Emprender en el vacío

Dice De Pablo que de las crisis nacen "mejores emprendimientos", citando su propia experiencia en la hiper del 89. Es una mirada meritocrática que ignora el contexto. No es lo mismo armar una consultora económica con una agenda de contactos que salir a "emprender" con una batea o un motomandado en un mercado interno que se desploma.

El Puerto no necesita consejos sobre cómo gastar menos lo que no tiene. Necesita políticas que defiendan la producción local y el reconocimiento de que, detrás de cada despido, hay una familia y no un coeficiente de "error tipo I o tipo II".

Leer más La oportunidad del Salmón


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