El Puerto en la mira: ¿Ola de despidos por decisión de Milei?
Por @todopasamdp
Mar del Plata tiene un aroma que la define, y no es solo el de la brisa marina. Es el olor del trabajo en las banquinas, del movimiento de los camiones y del incansable ritmo de las plantas de fileteado. Sin embargo, ese motor que sostiene a miles de familias marplatenses hoy enfrenta una amenaza silenciosa pero letal: un cambio de reglas que, bajo la bandera de la "modernización", esconde el riesgo de transformar a nuestro puerto en una cáscara vacía.
La trampa de las cuotas
El conflicto que hoy tiene a los gremios marítimos en alerta no es una simple discusión técnica de pasillo. La intención de facilitar el traspaso de cuotas de merluza desde la flota fresquera hacia los buques congeladores es, en la práctica, un certificado de defunción para el empleo en tierra.
La lógica es cruelmente sencilla: el barco fresquero descarga en el muelle y necesita que cientos de manos marplatenses procesen ese pescado en las fábricas de la ciudad. El buque congelador, en cambio, es una "fábrica flotante" que procesa y congela en alta mar. Para la estadística exportadora, el número final puede ser el mismo, pero para la economía real de Mar del Plata, la diferencia es el abismo entre tener un plato de comida en la mesa o engrosar las filas de la desocupación.
Una ciudad que ya sufrió demasiado
No podemos ignorar el contexto. Con una Mar del Plata que históricamente lidera los índices de desempleo del INDEC, y con una Ley de Modernización Laboral que ya está crujiendo en los tribunales, dejar a la pesca a merced de la concentración económica es jugar con fuego.
Hablamos de un sector donde la informalidad es la norma. Detrás de cada filetero registrado, hay tres que trabajan bajo el paraguas de cooperativas de pantalla que, ante la falta de pescado, desaparecen sin dejar rastro ni indemnización. Si la merluza deja de entrar fresca al puerto, no solo pierden los marineros; pierden el fletero, el fabricante de hielo, el taller naval y el almacén del barrio que vive del consumo de esos trabajadores.
¿Qué modelo de ciudad queremos?
La pregunta que las autoridades nacionales deben responder es: ¿Para quién se gestiona el recurso pesquero? Si el objetivo es solo la rentabilidad de tres o cuatro empresas dueñas de barcos gigantes, el plan es un éxito. Pero si el objetivo es sostener el tejido social de la principal ciudad pesquera del país, la medida es un fracaso rotundo.
Mar del Plata no puede ser solo una postal para el turismo de verano. Es una ciudad industrial, portuaria y trabajadora. El puerto no se toca porque, cuando el puerto se detiene, a Mar del Plata le deja de latir el corazón.
Puntos clave:
El Dato: 15.000 familias dependen del trabajo en tierra.
La Alerta: El pescado procesado en el mar no deja un solo peso en las fábricas locales.
El Pedido: Que la Ley Federal de Pesca se cumpla y proteja el valor agregado en territorio argentino.
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