Milei Maquiavelo no murió

 


¿Por qué Sturzenegger "chocó" con la SIDE?

Por: @todopasamdp

Nicolás Maquiavelo no murió en 1527; se mudó a las oficinas de inteligencia. Lo que vimos esta semana con el Artículo 44 y el famoso contrato de inglés en Cancillería es una lección práctica de El Príncipe aplicada a la era del algoritmo.

1. La "Virtú" contra la "Fortuna"

Maquiavelo decía que un líder necesita virtú (talento, fuerza) para dominar la fortuna (el azar). Federico Sturzenegger pecó de exceso de técnica y falta de olfato político. Quiso imponer una reforma laboral quirúrgica —el recorte salarial por enfermedad— sin medir que la "Fortuna" (o mejor dicho, sus propios compañeros de gabinete) le tenían preparada una trampa.

2. El "Fuego Amigo" o el arte de no tener herederos

En el capítulo XVII de su obra, Maquiavelo debate si es mejor ser amado o temido. En el esquema actual, el "Triángulo de Hierro" de Santiago Caputo prefiere ser temido, incluso por los propios.

El "carpetazo" del contrato de $114 millones de la esposa del Ministro no salió de la oposición. Salió de los mismos despachos que manejan la SIDE. ¿El objetivo? Disciplinar. En la lógica maquiavélica, cuando un colaborador (Sturzenegger) gana demasiado vuelo propio y pone en riesgo la estabilidad (despertando a una CGT que estaba en pausa), el Príncipe debe sacrificar una parte para salvar el todo.

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3. La gambeta del Artículo 44

Maquiavelo sugería que las injurias deben hacerse todas juntas para que duelan menos, y los beneficios poco a poco. El Gobierno hizo lo contrario: tiró un artículo tan irritante que unificó a todos los enemigos. Pero aquí viene la jugada maestra: retirar el artículo después del daño hecho.

  • Desgastaron a la figura de Sturzenegger.

  • Le dieron una "victoria" de papel a la oposición dialoguista.

  • Mantuvieron el resto del paquete de reformas mientras el foco mediático se distraía con las clases de inglés.

Conclusión 

Mañana, mientras Mar del Plata esté en silencio por el Paro Nacional, recordemos que la política no es solo lo que se vota en el Congreso. Es, sobre todo, lo que se filtra en un portal de noticias un domingo a la tarde.

Como diría el viejo Nicolás: "En política, el que no detecta los males cuando nacen, no es verdaderamente sabio". Parece que a Federico, esta vez, le faltó traducción.

El pragmatismo político en la era de la inmediatez

La figura de Maquiavelo suele ser reducida a la frase "el fin justifica los medios", una simplificación que oculta la verdadera profundidad de su pensamiento sobre el poder. En la actualidad, vemos cómo la gestión pública y la comunicación política han adoptado un ritmo frenético donde la imagen y la percepción suelen ganarle la pulseada a la planificación a largo plazo. Esta vigencia se traduce en líderes que, obligados por las redes sociales y la opinión pública instantánea, deben actuar con la astucia del zorro para sobrevivir a las crisis de representatividad que atraviesan nuestras instituciones.

El análisis de la realidad argentina, y particularmente la dinámica de la provincia de Buenos Aires, nos muestra que el realismo político sigue siendo la brújula de quienes toman decisiones. No se trata solo de la búsqueda del poder por el poder mismo, sino de la capacidad de lectura de un escenario fragmentado, donde las alianzas son volátiles y el consenso es un bien escaso. Maquiavelo comprendía que el gobernante debe lidiar con la fortuna y la virtud; hoy, esa "fortuna" es la fluctuación económica y el humor social de una ciudadanía cada vez más exigente.

La ética del poder y el desafío local

Llevando estas ideas al plano de nuestras ciudades, como Mar del Plata, observamos que el ejercicio del poder requiere una sintonía fina entre la gestión de los recursos y la construcción de legitimidad. El dirigente moderno se enfrenta al dilema de ser amado o temido, pero sobre todo, al desafío de ser efectivo. En un contexto donde los problemas estructurales —como la desocupación o la seguridad— demandan respuestas urgentes, la "virtú" maquiavélica se manifiesta en la capacidad de gestión frente a la adversidad.

En definitiva, volver a Maquiavelo no es un ejercicio de nostalgia académica, sino una necesidad para entender los hilos invisibles de la política contemporánea. Su sombra se proyecta sobre cada despacho oficial y cada campaña electoral, recordándonos que, aunque las tecnologías cambien, la naturaleza humana y la ambición por transformar la realidad (o conservarla) permanecen inalterables. El desafío para el periodismo actual es, precisamente, descorrer el velo de esos mecanismos y ofrecer al ciudadano una visión crítica de cómo se ejerce el mando en su nombre.

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