Un Verano de Desafíos y Ajustes Forzosos



Editorial

Mar del Plata, la joya de la costa atlántica, atraviesa un verano de contrastes que desnuda la delicada ingeniería de sus finanzas municipales. Lo que en el papel se proyectó como un presupuesto austero pero equilibrado para 2026, choca de frente con una realidad económica inclemente, marcada por la caída del consumo y los recortes nacionales. El escenario se asemeja a una "manta corta": si se cubre la cabeza, los pies quedan al descubierto.

El gobierno municipal, encabezado por Guillermo Montenegro, diseñó un presupuesto de $521.996 millones, un aumento nominal del 42% que, si bien suena robusto, apenas maquilla la inflación galopante. La apuesta era clara: depender casi exclusivamente de recursos propios ante la retirada de fondos nacionales. Se proyectó un incremento en la recaudación por la vital Tasa de Seguridad e Higiene (TISH), que mide el pulso del comercio y el turismo, y se creó la Tasa de Alumbrado Público, buscando una inyección de $16.500 millones para aliviar las arcas.

Sin embargo, la realidad de la temporada 2026 ha sido implacable. La conferencia provincial confirmó una caída del consumo turístico real del 21% al 25%, una estocada directa a la TISH, el motor financiero de la ciudad en verano. Si el turista "gasolero" no gasta en restaurantes, hoteles y balnearios, el municipio recauda menos. A esto se suma la alarmante noticia desde la Provincia: enero cerró con una pérdida de $82.000 millones en recaudación por caída de consumo a nivel bonaerense, lo que automáticamente se traduce en menos coparticipación para General Pueyrredón.

Y en este contexto de ingresos mermados, el capítulo de los gastos de personal emerge como el gran desafío. Las paritarias municipales cerraron un acuerdo en diciembre que, con ajustes mensuales, llevó el aumento total para 2025 a un 140%, superando a la inflación de ese año. Para 2026, el sindicato SUOEM ya negocia la pauta salarial, y aunque el acuerdo inicial suele ser modesto, las cláusulas de revisión por inflación garantizan que los salarios se ajustarán constantemente. Esto significa que una parte sustancial y creciente del presupuesto se destina a cubrir sueldos, un gasto fijo e ineludible.

El impacto es directo: si la TISH y la coparticipación no rinden lo esperado, el costo creciente de los salarios y servicios básicos devora cualquier margen de maniobra. Las obras públicas, que ya tenían una partida de inversión históricamente baja (apenas un 5% de crecimiento en el presupuesto), serán las primeras víctimas. El bacheo, las mejoras en espacios públicos o los proyectos de infraestructura quedarán en pausa forzosa.

Mar del Plata se enfrenta a un escenario donde la autosuficiencia fiscal es una necesidad, pero la capacidad real de recaudación se ve socavada por la crisis general. El "colchón" financiero que la temporada de verano solía proveer para afrontar el invierno será delgado, obligando a reajustes presupuestarios constantes y, probablemente, a una gestión de "crisis" durante todo el año. La imagen es la de una ciudad resiliente, que atrae gente incluso en tiempos difíciles, pero cuyo motor económico se desacelera, dejando a la gestión municipal con la difícil tarea de estirar una manta que, cada vez más, se le queda corta.

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