El "Efecto Rivadavia": Cuando la marea importadora y la crisis devoran el valor del trabajo argentino
Por @todopasamdp
El reciente balance financiero de Ángel Estrada y Compañía, la histórica firma detrás de los cuadernos Rivadavia, ha encendido las alarmas no solo en el mundo de las finanzas, sino en el corazón del sistema productivo argentino. El dato es demoledor: la empresa pasó de ganar $2.236 millones en 2024 a registrar una pérdida neta de $1.418 millones en 2025.
¿Cómo una marca que es sinónimo de educación y calidad en nuestro país termina con un rojo de esta magnitud? La respuesta no está solo en la caída del consumo, sino en una "pinza económica" que combina recesión interna con una apertura importadora que asfixia a quienes deciden seguir fabricando en Argentina.
La caída en números: Producir menos para perder más
La crisis de los útiles escolares no es una percepción; es estadística pura. Según el balance presentado ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), los números de Rivadavia reflejan una realidad compartida por muchas PYMES y grandes industrias:
Producción en picada: La fabricación de unidades se desplomó un 39%.
Ventas evaporadas: Se vendieron 2,5 millones de unidades menos que el ciclo anterior.
Asfixia financiera: A pesar de tener un resultado operativo positivo, el costo de la deuda y los resultados financieros negativos (cercanos a los $4.000 millones) terminaron de hundir el balance.
El factor invisible: La marea importadora
Mientras la industria nacional se achica, los números del INDEC de 2025 muestran la otra cara de la moneda: las importaciones de Bienes de Consumo crecieron un 53,3% en cantidades.
Aquí reside el nudo del problema: la pérdida de competitividad. Producir un cuaderno en Argentina implica sostener empleo calificado, ingenieros, operarios y logística local con costos internos al alza. Sin embargo, la apertura de importaciones facilitó el ingreso de productos (principalmente de China y Brasil) con precios que la industria local solo puede igualar perdiendo dinero.
Cuando el mercado se inunda de productos de bajo gramaje y menor calidad a precios de remate, la "calidad Rivadavia" se convierte en un lujo que el bolsillo del trabajador, hoy pulverizado, no puede costear.
La trampa de la desindustrialización
El "ahorro" de las familias al elegir una marca blanca o importada de baja calidad es comprensible ante la crisis, pero tiene un costo oculto: la pérdida de empleo de calidad.
Fábrica vs. Contenedor: Importar un contenedor de cuadernos terminados requiere un esfuerzo mínimo de mano de obra local. Fabricarlos aquí mueve una cadena de valor que hoy está rota.
El fin del estándar: Al perder competitividad las marcas líderes, el estándar de calidad de los materiales educativos baja. Hoy se escribe sobre papeles que se rasgan y tintas que traspasan, un síntoma sutil pero claro de la degradación de nuestro consumo.
El rojo de $1.418 millones de Ángel Estrada es el canario en la mina. Es el aviso de que la industria nacional no puede competir con una mano atada a la espalda: con costos financieros por las nubes, una carga impositiva que no cede y una frontera abierta que no distingue entre "precios bajos" y "destrucción de valor".
Si no protegemos la capacidad de fabricar nuestro propio futuro —literalmente, el papel sobre el que escriben nuestros hijos—, terminaremos siendo meros espectadores de cómo las marcas que forjaron nuestra identidad escolar se convierten en piezas de museo, víctimas de una marea que prioriza el corto plazo sobre el trabajo argentino.
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