Fate, el modelo chino y el espejo del 2001

China va por todo


Por @todopasamdp

La noticia del cierre de la planta de Fate en San Fernando no es simplemente un dato de la sección de economía; es un síntoma de una enfermedad recurrente en la historia argentina. Para quienes habitamos la provincia de Buenos Aires y recordamos el desierto industrial de los años 90, el anuncio del cese de actividades de una fábrica con 80 años de trayectoria se siente como un frío "déjà vu". Pero para analizar este fenómeno con el rigor que merece nuestra audiencia, debemos desglosar la fría realidad de los números y el choque tecnológico que hoy pone en jaque al empleo nacional.

El "Dumping" como política de Estado

No podemos hablar de competitividad sin entender contra quién estamos compitiendo. China no juega con las mismas reglas que el resto del mundo. El gigante asiático no solo exporta neumáticos; exporta una estructura de costos diseñada para dominar mercados. A través de reintegros impositivos que alcanzan el 13% (el IVA que el Estado chino devuelve a sus exportadores) y un acceso a capital con tasas cercanas al 0%, las empresas chinas pueden vender sus productos en el puerto de Buenos Aires a un precio menor al que cuesta la materia prima internacional.

Esta práctica, conocida como dumping estratégico, crea una ilusión de ahorro para el consumidor local. Hoy, un neumático chino rodado 15 puede conseguirse por $105.000, mientras que el equivalente nacional de Fate difícilmente baje de los $140.000. Sin embargo, ese ahorro de $35.000 es, en realidad, un préstamo que el país está tomando contra su propio futuro laboral.

La brecha tecnológica: Máquinas contra horas-hombre

El análisis de costos revela una asimetría tecnológica brutal. Mientras que las plantas nacionales han luchado durante décadas contra la incertidumbre económica para actualizarse, China ha construido fábricas "Tier 1" que son verdaderas colmenas robóticas.

  • La automatización extrema: En una planta moderna de Shanghai o Qingdao, procesos como el mezclado de compuestos (Banbury) o el armado del neumático "verde" están 100% digitalizados. Brazos robóticos y sistemas de inspección por rayos X reemplazan el ojo humano, permitiendo que un solo operario supervise una línea que produce tres veces más unidades que una planta tradicional.

  • La productividad por unidad: En Argentina, la matriz productiva requiere una alta carga de horas-hombre. Esto no es solo por falta de inversión, sino por un modelo que históricamente priorizó la ocupación. Mientras un trabajador chino produce, en promedio, 5.000 neumáticos al año gracias a la tecnología, un operario local promedia los 2.000.

Cuando sumamos a esto una carga impositiva en cascada (tasas municipales, Ingresos Brutos y cargas sociales que rondan el 45% del costo laboral), el producto nacional nace con una mochila de plomo que le impide competir en las góndolas.

El empleo como cordón sanitario contra el 2001

Es aquí donde debemos detenernos y mirar más allá de la eficiencia. Como periodista , observo a diario que la estabilidad laboral es el único pegamento que mantiene unido nuestro tejido social. Argentina no es un país que pueda permitirse el lujo de la "destrucción creativa" de la que hablan algunos manuales de economía liberal.

La crisis del 2001 nos dejó una lección grabada a fuego: cuando las fábricas cierran, no se "reconvierten" automáticamente en servicios o software. El operario de 45 o 50 años que queda en la calle en San Fernando o en nuestras gomerías de Mar del Plata no se transforma en un programador de la noche a la mañana. Ese trabajador cae de la clase media al sector informal, el consumo interno se desploma y el Estado termina gastando más en asistencia social de lo que supuestamente "ahorró" el consumidor al comprar un neumático importado barato.

Mantener el empleo industrial en países del tercer mundo es una cuestión de seguridad nacional. El salario industrial es el que alimenta al comercio de barrio, el que permite que los hijos de los trabajadores sigan en la escuela y el que evita que nuestras ciudades se conviertan en desiertos de persianas bajas y conflictividad social.

Conclusión: ¿Qué país queremos rodar?

El cierre de Fate es un llamado de atención. Si permitimos que el modelo de exportación de sobrecapacidad de China dicte el ritmo de nuestra desindustrialización, estaremos comprando un pasaje de vuelta a las épocas más oscuras de nuestra historia reciente.

La eficiencia tecnológica debe ser un objetivo, por supuesto, pero la transición debe ser protegida. No se puede lanzar a un boxeador de peso pluma a pelear contra un peso pesado robótico sin protección alguna. El Estado debe entender que su rol no es solo abrir puertas, sino cuidar que quienes están adentro no sean expulsados al vacío. Porque en Argentina, ya sabemos que cuando el empleo se destruye, la paz social es lo siguiente en quebrarse. En Todo Pasa MDP, seguiremos de cerca este proceso, porque lo que hoy pasa en una planta de neumáticos, mañana golpeará la puerta de cada hogar bonaerense.

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