"El mito del mérito: por qué la brecha salarial se ensancha donde más se gana"
El debate sobre la igualdad laboral suele naufragar en consignas bienintencionadas o en negaciones absolutas. Se argumenta con frecuencia que la disparidad de ingresos es un problema del pasado, una distorsión marginal o, en todo caso, una consecuencia exclusiva de la informalidad. Sin embargo, los fríos datos oficiales acaban de encender una luz roja en los despachos corporativos más cotizados del país.
Según los registros de la **Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT)** correspondientes a **febrero de 2026**, compilados por el Instituto Consenso Federal, la brecha salarial promedio en el empleo en blanco de la Argentina se ubica en un **19,7%**. Esto significa que, por cada peso que percibe un trabajador varón ($2.215.265 en promedio), una mujer en la misma condición formal recibe apenas 80 centavos ($1.778.001). Pero lo verdaderamente alarmante no es el promedio general, sino dónde se concentran los abismos más profundos.
### El "Techo de Cristal" en los sectores de élite
Existe una narrativa meritocrática que sostiene que a mayor nivel formativo y mayor especialización técnica, las variables de género tienden a licuarse. La estadística oficial demuestra exactamente lo contrario. El sector que encabeza el ránking de la disparidad en la Argentina es el de los **Servicios profesionales, científicos y técnicos**. Allí, donde se exige alta calificación académica y competencias analíticas, la brecha salarial trepa a un brutal **36,9%**.
En este segmento, la distancia nominal en pesos roza el millón y medio de diferencia mensual: mientras el salario promedio de los varones se consolida por encima de los 4 millones de pesos, el de sus colegas mujeres apenas supera los 2,5 millones. No es un caso aislado. El segundo lugar lo ocupa la **Intermediación financiera y seguros** (bancos y aseguradoras), el sector con los sueldos base más altos del ecosistema laboral formal. Allí, donde los varones promedian ingresos de $5.528.223, las mujeres se quedan rezagadas con una brecha del **31,8%**.
### Segregación vertical y horizontal: los mecanismos invisibles
¿Significa esto que las empresas liquidan sueldos menores a las mujeres en el mismo renglón del recibo de sueldo por idéntica hora de trabajo? Salvo excepciones ilegales, la respuesta es no. La legislación y los convenios colectivos lo impiden. La trampa de la brecha salarial es estructural y opera mediante dos dinámicas que la sociología del trabajo tiene perfectamente identificadas.
Por un lado, la **segregación horizontal** (o "paredes de cristal"): las mujeres están mayoritariamente confinadas a las áreas de soporte, administración, recursos humanos o comunicación dentro de las grandes firmas, mientras que los varones monopolizan las gerencias comerciales, de operaciones o desarrollo tecnológico, que son históricamente las áreas que traccionan los mejores sueldos y bonos corporativos.
Por el otro, la **segregación vertical** (el conocido "techo de cristal"): a medida que se escala en la pirámide de mandos medios hacia los directorios de corporaciones financieras o estudios profesionales, la presencia femenina se evapora. Los ascensos, los esquemas de confianza y las mesas de decisión siguen fuertemente masculinizados.
### El factor tiempo: el trabajo no remunerado
Ningún análisis serio de esta planilla puede omitir el factor condicionante del hogar. El salario final devengado suele incluir plus por desarraigo, disponibilidad horaria, horas extras y presentismo extendido. Es ahí donde impacta de lleno la asimetría en las tareas de cuidado.
En la Argentina, las mujeres dedican en promedio tres horas diarias más que los varones a las tareas domésticas, la crianza y el cuidado de familiares. Esta jornada invisible y no remunerada limita de forma fáctica su capacidad para competir en estructuras corporativas que premian la presencialidad total o las jornadas interminables. El mercado laboral formal, supuestamente neutral y eficiente, termina penalizando salarialmente a quienes asumen el costo de sostener la base de la organización social.
> *"La brecha salarial en los sectores de altos ingresos demuestra que el mercado, por sí solo, no corrige la desigualdad; la profundiza bajo el ropaje de la eficiencia corporativa."*
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### El punto ciego del indicador
Para el periodismo de datos, es crucial marcar los límites de la información disponible. Este mapa de la SRT es riguroso, pero tiene un sesgo de origen: solo describe al universo de trabajadores con cobertura de riesgos del trabajo. Es decir, mira exclusivamente al empleo registrado.
Si la brecha roza el 20% en el sector formal y promedia el 35% en las disciplinas de mayor calificación, el escenario en la economía informal —donde cae el 40% de los trabajadores del país— se transforma directamente en una trampa de precarización absoluta. Sin paritarias, sin licencias reglamentarias y sin redes de contención, la disparidad de ingresos deja de ser una estadística de oficina para convertirse en el motor principal de la feminización de la pobreza.
Desarmar este esquema no es una demanda abstracta de equidad; es una urgencia macroeconómica. Mientras los sectores más dinámicos de la economía sigan subremunerando y subutilizando el talento del 50% de su fuerza laboral calificada, el mentado crecimiento sostenido seguirá siendo, al igual que la meritocracia perfecta, una ilusión de folleto corporativo.
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