Dolores vibró en una noche de guitarras, duendes y voces salteñas
Por @todopasamdp
La ciudad de Dolores, ese rincón bonaerense que custodia con orgullo el título de "Primer Pueblo Patrio", volvió a transformarse en el epicentro del sentimiento nacional. En el marco de la 32ª Fiesta Nacional de la Guitarra, la segunda jornada no fue una simple sucesión de artistas; fue una ceremonia de identidad, un puente tendido entre la tradición más profunda del Pago del Salado y la renovación del folklore contemporáneo. Bajo el ala protectora del legado de don Abel Fleury, la noche del domingo se desplegó como un abanico de emociones que mantuvo a la multitud en vilo hasta la madrugada.
El inicio tuvo la elegancia necesaria. La presencia de la Reina Nacional, Valentina Méndez, junto a sus princesas Sofía Aguirre e Isabela Maldonado, recordó que esta fiesta es, ante todo, una celebración de la comunidad. El Ballet Estable de la Fiesta Nacional de la Guitarra abrió el juego con una coreografía que sirvió de preludio para lo que Horacio "Pichi" Burgueño y Carolina Cariff, los anfitriones de la noche, definieron con acierto: "la peña folclórica más grande del país".
El Momento de Germán Montes
El primer gran hito de la noche llegó con Germán Montes. El cantor de Nahuel Rucá, que lleva el sudeste bonaerense en el ADN de su garganta, ofreció un recital que fue mucho más que música. Montes es un artesano de la palabra; entre milongas y estilos, se tomó el tiempo para reflexionar sobre el Día Internacional de la Mujer, pidiendo un espacio de introspección sobre el respeto y el amor hacia ese ser que nos da la vida. Pero el silencio más sepulcral y respetuoso de la noche se produjo cuando desandó su relato "Guitarra de Madera". La historia de aquel excombatiente de Malvinas que encuentra en su hija el bálsamo para las heridas de la guerra humedeció los ojos de los miles de presentes. Germán no solo canta, él construye paisajes con la voz, y su paso por el escenario mayor le valió el reconocimiento de la Secretaría de Cultura, Matilde Recondo, quien le hizo entrega de un presente que incluía el libro sobre la vida de Fleury, un tesoro para cualquier cultor del canto surero.
Momento de Ballet
Tras la emoción a flor de piel, el escenario se llenó de color y movimiento con el Ballet Brandsen. Dirigidos por la maestra Mabel Pimentel, presentaron "Mosaico Criollo", una obra que es pura pintura en movimiento. A pesar de la ausencia física del maestro Óscar Murillo por cuestiones de salud, el cuerpo de baile demostró una disciplina y una pasión que rozan la perfección. Desde las escenas del baile criollo hasta la musicalización inspirada en Jaime Torres y Ariel Ramírez, el Brandsen recordó por qué llevan más de cinco décadas siendo embajadores de nuestra danza en el mundo. El público, de pie, despidió a los bailarines con una ovación que retumbó en cada rincón del predio.
Y llegó AYRE
Pero el destino final de este viaje musical estaba en el norte. El cierre, esperado por una marea de jóvenes y familias que llegaron desde Chascomús, Balcarce, Mar del Plata y toda la Costa Atlántica, estuvo a cargo de AHYRE. El grupo salteño, heredero de una mística vocal inigualable, subió al escenario para demostrar por qué son la vanguardia del folklore actual. Con una formación renovada pero manteniendo esa esencia que los hizo grandes, AHYRE transformó la noche en una fiesta total.
Sus armonías vocales, que parecen flotar sobre una instrumentación que fusiona lo orgánico con texturas modernas, envolvieron a Dolores. Canciones como "La Noche" y "Cómplices" fueron coreadas por miles, transformando el recital en un diálogo constante entre el escenario y la platea. Los salteños, visiblemente emocionados, agradecieron la oportunidad de volver a un festival que respeta tanto la raíz. "Si no cuidamos nuestra identidad, nadie lo hará por nosotros", habían dicho los conductores minutos antes, y el show de AHYRE fue la prueba cabal de que el folklore está más vivo que nunca, evolucionando sin perder el norte.
La madrugada encontró a Dolores con el corazón lleno. Fue una noche de contrastes necesarios: la milonga sentida, la danza académica y el folklore de estadios. Todo bajo el mismo cielo, todo unido por el cordaje de una guitarra que, en esta ciudad, nunca deja de sonar. La Fiesta Nacional de la Guitarra sigue su marcha, confirmando que Dolores no solo es historia, es el presente vibrante de nuestra cultura popular.

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