Mar del Plata 2026: La ciudad de las persianas bajas y el "turismo gasolero" extremo
Por: @todopasamdp
Las cifras oficiales suelen ser un bálsamo para los discursos políticos, pero un espejo cruel para quien camina la calle. El reciente informe sobre el movimiento turístico en Mar del Plata durante la temporada 2025/2026 nos deja una conclusión inquietante: el modelo de "La Feliz" está en una encrucijada. Si bien el número de arribos apenas registró una caída del 3% respecto al año anterior, esa estabilidad es un espejismo. La realidad económica que late detrás de los molinetes de la terminal de ómnibus y los peajes de la Autovía 2 cuenta una historia de bolsillos flacos y un consumo en caída libre.
El espejismo del movimiento
No se trata de cuánta gente entra, sino de qué hace esa gente una vez que pisa la Rambla. Mientras los titulares destacan que "la ciudad sigue siendo la elegida", los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) nos devuelven a la tierra: el gasto real en la Costa Atlántica se desplomó un 26% en términos reales.
Estamos ante un turista que viaja con la calculadora en la mano y el cronómetro en la otra. Las estadías de 15 días son un recuerdo romántico; hoy el promedio apenas roza las 3.5 noches. El consumo, corazón de la economía marplatense, muestra signos de agotamiento estructural. El desplome del 37% en Alimentos y Bebidas no es casualidad: es el reflejo de una clase media que cambió el restaurante por el supermercado y el departamento alquilado a dueños directos para evitar las comisiones de las plataformas.
El golpe a las arcas municipales: un presupuesto bajo fuego
Esta retracción no es solo un problema del comerciante de la Peatonal San Martín o del parador de Playa Grande; es una bomba de tiempo para el Palacio Municipal. El Presupuesto 2026 de General Pueyrredon, estimado en $522 mil millones, nace con una debilidad de base: la cobrabilidad y la actividad.
La Tasa de Inspección de Seguridad e Higiene (TISH), que representa cerca del 24% de los ingresos genuinos del municipio, está directamente atada a la facturación comercial. Con ventas minoristas que arrastran ocho meses de retroceso y una temporada que no logró el "pico" esperado, la recaudación por TISH se encuentra muy por debajo de las proyecciones inflacionarias.
El impacto es directo. Cuando la recaudación cae, lo primero que se resiente es la inversión directa y el mantenimiento de los servicios básicos. El presupuesto actual ya prevé una suba en infraestructura de apenas el 5%, una cifra irrisoria frente a una inflación que, aunque desacelera, sigue erosionando el poder de compra del Estado local. La dependencia de la coparticipación provincial —que también viene en retroceso para el distrito— obliga al municipio a una "inteligencia fiscal" que, en la práctica, termina siendo un ajuste en el mantenimiento de calles, luminarias y, lo más preocupante, en el sostenimiento del sistema educativo y sanitario municipal.
El "Rigi Marplatense" y la duda del mañana
El intento del Ejecutivo por implementar beneficios fiscales (como la rebaja de la TISH para inversiones) es una apuesta a largo plazo en medio de un incendio de corto plazo. La pregunta que debemos hacernos como marplatenses es: ¿podemos sostener una ciudad de casi un millón de habitantes con una estructura turística que cada vez deja menos margen?
La crisis de las tasas no es solo administrativa. Es el síntoma de una ciudad que necesita repensar su matriz productiva. Si el turismo —nuestra principal industria— se vuelve "gasolero" por necesidad, el Estado municipal no puede seguir apostando a la presión tributaria sobre los mismos de siempre (comercio e industria) para cubrir un déficit que los arribos ya no alcanzan a compensar.
Mar del Plata sigue siendo hermosa, pero la belleza no paga los sueldos de los docentes municipales ni bachea las calles de los barrios periféricos. Es hora de dejar de mirar las fotos de la playa llena y empezar a mirar las cajas registradoras. Allí es donde se escribe el verdadero futuro de nuestra ciudad.
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