¿Turismo o Espejismo? El preocupante "Efecto Gasolero" que desnudó a Mar del Plata en Semana Santa

Finde penoso

Por @todopasamdp

Hay una vieja máxima en el periodismo que dice que los números no mienten, pero que a veces ocultan la verdad. El reciente informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) sobre el movimiento de Semana Santa 2026 es el ejemplo perfecto de esta dicotomía. Mientras los titulares nacionales celebran un aumento del 5,6% en la cantidad de turistas, en las calles de Mar del Plata el aire que se respira es otro. La pregunta que flota en el ambiente, entre cafés de la calle Güemes y mostradores del Puerto, es simple: ¿De qué sirve que venga más gente si el bolsillo está vacío?

La trampa de la cantidad

A primera vista, que 2,8 millones de personas hayan decidido armar el bolso y salir a la ruta en este contexto económico parece una victoria. Sin embargo, cuando se le saca el envoltorio al regalo, lo que queda es una realidad preocupante para destinos como el nuestro. En Mar del Plata, la ocupación rondó el 55%. Para una ciudad que respira turismo, ese número es, como mínimo, modesto. Pero el dato que realmente debería encender las alarmas no es cuántos vinieron, sino cuánto tiempo se quedaron y cuánto gastaron.

La estadía promedio se desplomó un 16,1%, ubicándose en apenas 2,6 noches. Traducido al lenguaje de la calle: el turista de Semana Santa ya no viene a "instalarse"; viene de "pasada". La histórica postal del jueves a domingo se transformó en un ingreso apresurado el viernes por la tarde y un éxodo masivo el domingo antes del almuerzo. Para la hotelería local, este cambio de hábito es un golpe directo al mentón de la rentabilidad.

El consumo en terapia intensiva

Si la duración del viaje es escasa, el gasto es directamente anémico. Según la CAME, el impacto económico total cayó un 18,9% en términos reales respecto al año pasado. No es que la gente no quiera gastar; es que no puede. El gasto diario por persona fue de $108.982, una cifra que, frente a los costos de vida actuales, apenas cubre el alojamiento y una comida básica.

En Mar del Plata vimos el auge del "turismo contemplativo". Mucha caminata por la costa, muchas fotos en los Lobos de Mar, pero poco ticket en el restaurante y nula bolsa de compras en los centros comerciales. El visitante de este 2026 se convirtió en un estratega del ahorro: un 19% ya utiliza Inteligencia Artificial para cazar la oferta de último minuto y eludir los sobreprecios. Hoy, el turista no viene a "darse el gusto"; viene a sobrevivir al encierro de la ciudad con el presupuesto justo para el combustible y los peajes.

La competencia del calendario

Otro factor que "planchó" la temporada fue la cercanía con el feriado del 24 de marzo. En una economía de guerra, la clase media argentina se vio obligada a elegir. No hubo resto para dos escapadas en un mes. Mar del Plata, que históricamente era la opción indiscutida, hoy tiene que pelear cada reserva contra destinos más cercanos o propuestas de "día de campo" que no impliquen el costo de una pernoctación.

Una reflexión necesaria

Para los que vivimos en "La Feliz", este informe de CAME es un baño de realidad. No podemos seguir midiendo el éxito de un fin de semana largo solo por el flujo de autos en la Autovía 2. Si el impacto económico real retrocede casi un 20%, estamos frente a un modelo de turismo de subsistencia.

El desafío para el sector local —y para las políticas públicas de la ciudad— es entender que el volumen de gente ya no garantiza el éxito comercial. Mar del Plata necesita reinventar su propuesta para un público que tiene el celular en la mano comparando precios en tiempo real y que, ante la menor duda, elige el picnic en la escollera antes que el menú de tres pasos.

Esta Semana Santa no fue una fiesta; fue un espejismo de movimiento que, al final del día, dejó las cajas registradoras mucho más livianas de lo que el optimismo oficial se atreve a admitir.

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