Por qué Milei culpa al feminismo de la crisis demográfica y perdona a Silicon Valley
Por un análisis demográfico sin anteojeras ideológicas
La reciente intervención del presidente Javier Milei en el canal de streaming "Carajo" dejó al descubierto algo más que una alarmante dosis de violencia verbal hacia la periodista Débora Plager. Al tildarla de "sorete" y acusar a quienes apoyaron la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) de ser "cómplices de asesinatos" y responsables de transformar la pirámide poblacional en un "tubo" que destruye el sistema jubilatorio, el mandatario explicitó la matriz de su batalla cultural: la construcción de un enemigo ideológico a la medida de sus necesidades políticas.
Sin embargo, al confrontar el dogma libertario con la evidencia científica global, la narrativa oficial se desmorona. El desplome de la natalidad es un fenómeno mundial que responde a transformaciones tecnológicas y de consumo que el Gobierno decide ignorar, simplemente porque los responsables son sus aliados más cercanos: las grandes corporaciones de la industria del entretenimiento y la tecnología.
1. La falacia del "causal local": Un desplome global e idéntico
El principal error técnico del argumento presidencial —además de su violencia de género discursiva— es atribuir la crisis del sistema previsional a las conquistas de los colectivos de mujeres.
Estudios económicos globales, como los publicados recientemente por los investigadores Nathan Hudson y Hernán Moscoso Boedo ("The Collapse of Teen Fertility in the Digital Era"), demuestran que la caída drástica de la tasa de fertilidad no distingue legislaciones sobre el aborto. A partir del año 2007, países con marcos legales, religiones, culturas y economías diametralmente opuestas sufrieron exactamente el mismo fenómeno: un quiebre en vertical de sus tasas de natalidad.
La correlación perfecta en los cinco continentes no coincide con leyes locales, sino con un hito tecnológico global: la llegada del smartphone y la masificación de la conectividad 4G.
2. El verdadero "rompe-pirámides": Los algoritmos del aislamiento
Mientras el discurso oficial prefiere culpar a los "pañuelitos verdes", la demografía estructural —analizada por expertos internacionales como Stephen Shaw o los gráficos recientes del Financial Times— demuestra que el problema central no es el tamaño de las familias de quienes deciden tener hijos, sino que las personas ya no forman parejas.
Es aquí donde aparece el sesgo ideológico del anarcocapitalismo. La captura absoluta de la atención por parte de las multinacionales tecnológicas (Meta, Google, Apple, la industria del streaming y el videojuego) ha modificado radicalmente las pautas de socialización:
Sustitución de la presencialidad: Las encuestas de uso del tiempo revelan que las interacciones cara a cara entre jóvenes han caído casi a la mitad en las últimas dos décadas, reemplazadas por el consumo individual de pantallas.
El negocio de la soledad: Los índices globales de soledad autopercibida (como el Cigna Loneliness Index) se han disparado. La gratificación instantánea de los algoritmos de entretenimiento privado desincentiva y desplaza la construcción de vínculos amorosos reales, estables y, en consecuencia, la planificación familiar.
Para la lógica de Milei, si esta mutación antropológica es producto del libre mercado y genera ganancias billonarias a las corporaciones de Silicon Valley, es intrínsecamente buena o neutral. El mercado no puede fallar moralmente; por lo tanto, la culpa debe ser de las mujeres que luchan por sus derechos.
3. Paradojas de la "Batalla Cultural": Atacar al débil, blindar al corporativo
El informe del Financial Times de mayo de 2026 echa luz sobre otra cruda realidad: la caída de la natalidad y el aislamiento afectivo golpean con muchísima más fuerza a los sectores de menores ingresos y menor nivel educativo. En contextos de precarización laboral y crisis habitacional, el smartphone opera como el refugio de entretenimiento más barato disponible ante la imposibilidad de proyectar un futuro económico.
Hacer política demográfica atacando los derechos de las mujeres o proponiendo "vouchers" de natalidad es una receta condenada al fracaso si no se tocan las variables estructurales: el acceso a la vivienda, la estabilidad económica y, fundamentalmente, la discusión sobre cómo las plataformas digitales están desarticulando el tejido social y afectivo.
Conclusión
El ataque a Débora Plager expone el límite teórico del fundamentalismo de mercado. Para el presidente, es más sencillo y rentable políticamente reabrir las grietas del pasado y encubrir la licuación de las jubilaciones actuales bajo una supuesta cruzada moral contra el feminismo. Al hacerlo, el Gobierno elige deliberadamente su punto ciego: proteger el negocio de la atención de sus amigos empresarios y dar la espalda a los datos que explican cómo el capitalismo digital está cambiando, de verdad, la historia de la humanidad.

Comentarios
Publicar un comentario