¿Se animará a firmar por las Universidades? El dilema de la Presidenta interina


Por @todopasamdp

Argentina transcurre hoy por un desfiladero institucional tan estrecho como fascinante. Con Javier Milei a miles de kilómetros en Israel, la Casa Rosada ha intentado, mediante un cerco protocolar asfixiante, convertir a Victoria Villarruel en una figura decorativa. Sin embargo, en política, el vacío no existe. El "plantazo" de ayer en Luján, donde la Vicepresidenta se negó a ser el decorado de una foto de unidad con Manuel Adorni y los sectores que ella misma señala como "la casta", fue mucho más que un desplante religioso: fue un aviso de autonomía de quien hoy ostenta el mando real del país.

El peso de la firma: El antecedente de la "traición" y la "audacia"

La historia argentina nos enseña que el interinato presidencial no es un paréntesis, sino un escenario de poder pleno. No es la primera vez que un Vicepresidente, al quedar a cargo, debe decidir si ser un "cuidador de silla" o un jefe de Estado.

Recordamos el caso de Eduardo Duhalde entre 1989 y 1991, quien aprovechaba cada viaje de Carlos Menem para firmar decretos que consolidaban su poder territorial en la Provincia de Buenos Aires, forzando transferencias de fondos que Menem, a su regreso, ya no podía deshacer. O el caso inverso y traumático de Daniel Scioli en 2003, cuando sugirió un aumento de tarifas mientras Néstor Kirchner estaba fuera del país; ese solo amago de autonomía le valió un "congelamiento" político que duró cuatro años.

Incluso Julio Cobos, en 2010, generó tal pánico institucional que Cristina Kirchner llegó a cancelar un viaje a China. La Presidenta temía que, en su ausencia, el mendocino firmara un decreto derogando el uso de reservas para el pago de deuda. El miedo de la Rosada no era infundado: legalmente, la firma del Vicepresidente en ejercicio es idéntica a la del titular.

La "Bomba Atómica" en manos de Villarruel

Hoy, Victoria Villarruel se encuentra frente al mismo agujero negro legal. Según el Artículo 88 de la Constitución Nacional, sus facultades mientras Milei está en el extranjero son plenas. No hay límites constitucionales para que una Presidenta interina firme, por ejemplo, un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que reasigne partidas presupuestarias.

La pregunta que resuena hoy en los pasillos de las Universidades Nacionales, asfixiadas por una licuación que pone en riesgo el segundo cuatrimestre, es directa: ¿Se animará a firmar a favor de la educación superior?

Un decreto que actualice el presupuesto universitario por inflación no sería solo un alivio para miles de estudiantes y docentes; sería un acto de corresponsabilidad institucional. En un contexto donde la conflictividad social escala, Villarruel tiene la oportunidad de demostrar que su "identidad propia" no es solo protocolar, sino ejecutiva.

¿Suicidio Político o Acto de Estado?

Muchos dirán que usar la lapicera contra el rumbo de "emisión cero" de Milei sería un suicidio político para la Vicepresidenta. Pero para una dirigente que ha hecho de la defensa de las instituciones su bandera, permitir el colapso del sistema universitario bajo su propio interinato podría ser una mancha aún más difícil de borrar.

Villarruel ya eligió no sentarse en el banco que le asignaron en Luján. Prefirió la humildad de una parroquia en Almagro. Pero el país no solo necesita gestos de fe; necesita decisiones de Estado. La lapicera está sobre el escritorio. ¿Se animará Victoria a ser algo más que la Presidenta del "mientras tanto"?

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