La "Nueva Casta" vive en casa propia: El abismo entre los créditos para funcionarios y el alquiler marplatense

Gente en situación de calle


Por @todopasamdp

Mientras el vecino de Mar del Plata recorre inmobiliarias intentando descifrar cómo pagar un aumento trimestral de alquiler, o quedar expulsado a las calles, en los despachos oficiales de la Ciudad de Buenos Aires la historia es otra. Los datos son públicos, pero el contraste es éticamente ensordecedor.

La oferta que no es para todos

Según el último informe del CEDAF (Centro de Estudios Derecho al Futuro), Mar del Plata vivió un fenómeno inédito: tras la desregulación, la oferta de avisos de alquiler creció un 1000%. Sin embargo, este aluvión de departamentos no trajo alivio. Con un alquiler promedio de $740.000 para un dos ambientes y una subocupación local del 13,5%, la brecha entre el sueldo marplatense y el techo propio es hoy un océano.

Créditos "libertarios": ¿Igualdad de condiciones?

En este contexto de asfixia para el inquilino común, surge un dato que indigna: al menos 9 funcionarios y legisladores de La Libertad Avanza (LLA) han accedido a créditos hipotecarios del Banco Nación por montos que llegan a los $400 millones.

Nombres como el de Felipe Núñez (asesor de Caputo) o Juan Pablo Carreira ("Juan Doe") figuran en los registros del BCRA con deudas millonarias para adquirir viviendas. Mientras el ciudadano de a pie debe reunir el 25% del valor de una propiedad en dólares para que un banco lo escuche, estos funcionarios utilizaron líneas como "+Hogares sector público", que permite financiar hasta el 90% del valor del inmueble.

El doble estándar de la "motosierra"

El discurso oficial sostiene que estos créditos "están abiertos para todos los que califiquen". Pero ahí reside la trampa:

  1. Calificación: ¿Cuántos marplatenses con ingresos promedio pueden calificar para un préstamo de 300 millones de pesos?

  2. Estabilidad: Mientras el gobierno promueve la flexibilización laboral para el resto, la estabilidad del cargo público es la llave que les abre la puerta del Banco Nación.

  3. Prioridades: Es paradójico que quienes defienden que "no hay plata" para la obra pública o los haberes jubilatorios, sean los primeros en utilizar la banca pública para capitalizarse personalmente.

    El "fusible" que saltó: Renuncias en Capital Humano

  4. Aunque desde el entorno oficial intentan presentar la salida como una decisión "preventiva" por no haber informado internamente el trámite, el mensaje político es devastador: el Ministerio que gestiona la asistencia social y la educación —áreas donde el ajuste ha sido más feroz— tenía a su segundo al mando asegurándose un techo de lujo con dinero de la banca pública.

  5.  La gravedad del asunto ya traspasó la barrera de la sospecha periodística. En las últimas horas, la ministra Sandra Pettovello le pidió la renuncia a su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, tras confirmarse que accedió a un crédito de $420 millones (unos 350 mil dólares).

El informe del CEDAF es claro: hoy un hogar promedio necesita destinar el 37% de su ingreso total solo para alquilar un dos ambientes. La posibilidad de comprar es, para la mayoría de nuestros vecinos, una fantasía de otra época.

Ver a la "nueva casta" acceder a créditos que el 90% de la población no puede ni soñar, no es solo un dato estadístico; es la confirmación de que la motosierra pasó por algunos lados, pero en las oficinas del poder, los beneficios siguen intactos. En Mar del Plata sobran avisos de alquiler, pero faltan sueldos que los alcancen y una ética política que no confunda el servicio público con el beneficio inmobiliario.

Conclusión:

Esta eyección de Massaccesi no hace más que confirmar lo que el vecino de Mar del Plata siente cada vez que ve un aviso de alquiler: las reglas no son iguales para todos. Mientras el Gobierno usa la "motosierra" para recortar programas de vivienda populares, sus propios funcionarios usan la "cuchara" para servirse créditos millonarios.

Si el crédito era tan "transparente y para todos", ¿por qué echar a quien lo tomó? La respuesta es simple: la estética de la austeridad libertaria no resiste un cruce de datos en la Central de Deudores del BCRA.


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