152 Años de la Ciudad del Descarte
Editorial
Mar del Plata cumple hoy un nuevo aniversario y la puesta en escena es impecable: alfombras rojas en los Estrella de Mar, discursos de "récord turístico" y la postal eterna de los lobos de piedra. Pero detrás de la escenografía de la "Biarritz argentina", la realidad es una bofetada para quien decide no mirar para otro lado. Hoy, la ciudad no es una sola; son dos mundos que colisionan sin tocarse.
La ficción del éxito
Mientras los comunicados oficiales tras 10 años de gestión PRO celebran el flujo de turistas, el sector comercial y textil marplatense se desangra. Se festeja el consumo de una elite que llega para festivales de café y sets de DJs internacionales, pero se ignora el ticket promedio de una clase media que ya no viene a "veranear", sino a "sobrevivir" un fin de semana. El éxito que vende la gestión es, en realidad, un maquillaje sobre el rostro de una ciudad que lidera la desocupación y donde la informalidad es la única red de contención para miles de familias.
Salud: El síntoma de una ciudad enferma
No se puede hablar de festejo cuando los Centros de Atención Primaria (CAPS) en los barrios periféricos son cáscaras vacías. Mientras la propaganda oficial destaca la "modernización", los vecinos de Batán o del barrio Libertad saben que enfermarse después de las seis de la tarde es una ruleta rusa por falta de guardias o insumos básicos. La salud municipal ha sido reducida a una gestión de turnos imposibles, dejando a los sectores vulnerados rehenes de una espera que, en muchos casos, llega tarde. Una ciudad que no cuida el cuerpo de sus habitantes no tiene nada que brindar.
El Puerto: Soberanía en remate
El motor de la ciudad, nuestro Puerto, hoy bosteza incertidumbre. Mientras se brindaba en los salones del Hotel Provincial, los trabajadores del pescado denunciaban el "doble torniquete": costos dolarizados para la flota y salarios que en la góndola del barrio no alcanzan para el kilo de merluza que ellos mismos procesan. La depredación no es solo de los recursos marítimos por flotas extranjeras; es la depredación del trabajador local frente a una inflación que devora cualquier paritaria.
Asociaciones Civiles: El último refugio bajo ataque
En los barrios donde el Estado decidió retirarse, son las asociaciones civiles sin fines de lucro las que sostienen el tejido social. Sin embargo, hoy estas instituciones no solo luchan contra el hambre, sino contra un laberinto burocrático y legal que parece diseñado para asfixiarlas. En lugar de ser reconocidas como el corazón solidario de la ciudad, se las deja a la deriva de normativas que no contemplan su realidad territorial, convirtiendo la labor comunitaria en una carrera de obstáculos contra la personería y el olvido oficial.
El asfalto de los derechos vulnerados
No hay nada que festejar para los trabajadores de apps que hoy salen a la calle a pedir que no los maten por una bicicleta, ni para los choferes que reclaman seguridad. La subasta de tierras frente al mar es la metáfora perfecta de esta gestión: vender las joyas de la abuela para pagar la fiesta de unos pocos, mientras el basural municipal sigue siendo el último refugio de los que el sistema ya descartó.
Conclusión
Mar del Plata llega a sus 152 años con un brillo que encandila pero no alumbra. Es una ciudad que se ha vuelto experta en exportar postales e importar exclusión. Si el aniversario solo sirve para el autobombo político y la nostalgia aristocrática, entonces estamos celebrando el entierro de la justicia social bajo una montaña de arena.
La Feliz será feliz cuando la salud no sea un privilegio de código postal, cuando el Puerto sea dignidad, y cuando las asociaciones que cuidan al vecino dejen de ser invisibles para el presupuesto municipal.

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