Marplatense te robaron millones!!!!
El termómetro marplatense roto
Por: @Amarcofranco
En los pasillos del INDEC se libra hoy una batalla silenciosa que define mucho más que un número: define nuestra percepción de la realidad. La reciente decisión del Gobierno de Javier Milei de suspender el nuevo Índice de Precios al Consumidor (IPC), basado en la canasta de 2018, para seguir utilizando una de 2004, no es un tecnicismo burocrático. Es la diferencia entre reconocer un cambio de época o seguir midiendo la fiebre con un termómetro que no marca más de 38 grados.
La clave de esta distorsión reside en las ponderaciones. Según datos del economista Diego Giacomini, el índice actual (2004) le asigna a los servicios básicos y la vivienda un peso de apenas el 9,4%. Sin embargo, el índice actualizado en 2018 —y hoy cajoneado— eleva ese peso al 14,5%. Esta diferencia de cinco puntos porcentuales explica por qué el Gobierno logra reportar una inflación a la baja: el termómetro oficial ignora que hoy destinamos una porción mucho mayor de nuestros ingresos a pagar la luz, el gas y el agua que hace veinte años.
El impacto en Mar del Plata es dramático. Con un boleto de colectivo a $1.550 (un salto del 937% desde la devaluación de diciembre de 2023) y la incertidumbre sobre los subsidios por Zona Fría, el costo de "funcionar" como sociedad se ha vuelto prohibitivo. Según el IIEP (UBA-Conicet), los servicios públicos subieron un 561% promedio desde el inicio de la gestión, triplicando la inflación general acumulada.
Pongámoslo en números reales. Hoy, un empleado de comercio promedio en Mar del Plata percibe un salario de bolsillo de aproximadamente $1.170.000 (según las escalas de febrero 2026). Sin embargo, para que el costo de vida actual —donde los servicios y el transporte demandan cerca de $280.000 mensuales— representara el mismo 5,9% del presupuesto que significaba a finales de 2023, ese mismo trabajador debería estar cobrando $4.755.932. La brecha es abismal: el sueldo real hoy cubre apenas la cuarta parte de lo necesario para mantener aquel equilibrio financiero.
Al mantener el esquema de 2004, el INDEC sobrerrepresenta rubros como Alimentos y Bebidas (que hoy pesan un 22,7% en la realidad pero figuran con casi un 27% en el índice viejo) y subestima los servicios regulados. Esto genera una "desinflación" estética: los precios de los bienes pueden subir menos, pero nadie come celulares ni se abriga con zapatillas. En ciudades como Mar del Plata, donde el gas no es un confort sino una necesidad de supervivencia, el costo de vida real corre por un carril mucho más rápido que el de la estadística oficial.
Mantener el índice viejo es una forma de ceguera voluntaria. Mientras el relato oficial celebra la baja de los índices, la economía real se retrae: las ventas minoristas caen y el consumo de carne vacuna toca mínimos históricos. Postergar la actualización del IPC es, en última instancia, una forma de distorsión. El termómetro está roto y, aunque marque que la temperatura cede, el paciente —el bolsillo marplatense— sigue tiritando de frío.
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