El Pan Amargo de Mar del Plata: La Invisible Hecatombe de la Industria Panificadora
Editorial
La crisis que las persianas altas intentan ocultar
Mar del Plata, nuestra ciudad, esconde detrás de sus vitrinas una realidad tan dura como el pan viejo, pero mucho menos visible. Mientras a nivel nacional se reporta el cierre de miles de establecimientos, en "La Feliz" la mayoría de las 450 panaderías de elaboración siguen abiertas. Pero esta resistencia no es signo de bonanza; es la manifestación de una hecatombe social que se cocina en silencio: la precarización laboral extrema como método de supervivencia.
Caída del consumo: ¿Por qué ya no se venden facturas?
Los números de la industria en este 2026 son desoladores. Según datos del sector, la venta de facturas y pastelería ha caído un 85%, mientras que el consumo de pan —el alimento más básico— retrocedió un 50%. Con tarifas de gas y luz que asfixian el margen de ganancia, la lógica económica dictaría un cierre masivo. Sin embargo, el "esfuerzo" para no bajar la persiana no proviene de subsidios, sino del bolsillo del trabajador.
El empleo en negro: El "colchón" de la crisis marplatense
En Mar del Plata, la razón por la que el sector se mantiene en pie es el empleo no registrado. Se estima que la informalidad en las cuadrillas de panaderos alcanza niveles alarmantes:
Registraciones parciales: Empleados que figuran por 4 horas pero trabajan turnos de 10.
Clandestinidad: Centros de elaboración que operan sin habilitación, compitiendo deslealmente con los comercios tradicionales.
Este modelo de "supervivencia" permite que el precio del kilo de pan se mantenga en niveles que el consumidor pueda pagar, pero a costa de la seguridad social, los aportes jubilatorios y la salud del trabajador panadero.
Conclusión: Una bomba de tiempo social
No es momento de celebrar que las panaderías sigan abiertas si el costo es la dignidad laboral. La "hecatombe" de la que hablaba el video viral es real, pero en Mar del Plata es invisible porque se diluye en la informalidad. Detrás de cada oferta de pan, hay un trabajador hipotecando su futuro. Entender esta realidad es el primer paso para exigir que el pan vuelva a ser el sustento de las familias, y no el símbolo de su precarización.

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