¿Es hora de una Falla Valenciana sustentable?

Falla Valenciana

Por @todopasamdp

La ciudad de Mar del Plata volvió a ser testigo de la tradicional "cremá" de la 72ª Falla Valenciana. Frente a una Rambla en plena obra y bajo la mirada de miles de vecinos, el monumento "Sudestada y temblor", diseñado por el artista Cesc Merlini, se convirtió en cenizas en pocos minutos. Sin embargo, en tiempos donde la agenda ambiental manda, surge una pregunta inevitable: ¿Sigue teniendo sentido la destrucción por fuego en el siglo XXI?

Ingeniería para el fuego: Lo que ardió este año

El monumento de este año no fue solo una obra artística, sino una compleja estructura de 8 metros de altura diseñada específicamente para su combustión. Según detalló su creador, para dar vida a las figuras de los vientos y los dioses griegos que protagonizaron la escena, se utilizaron:

  • Estructuras de madera: El esqueleto que sostiene la obra.

  • Planchas de chapadur: Utilizadas para dar volumen y soporte.

  • Cartón y cartapesta: Una técnica tradicional que utiliza capas de papel de diario y pegamento para modelar los rostros y cuerpos de los "ninots".

  • Pinturas y barnices: Necesarios para el acabado estético, pero que a menudo contienen componentes químicos que se liberan al aire durante la quema.

Todo este material, que requiere meses de trabajo en taller y días de montaje bajo el sol (y este año, bajo la lluvia que dañó parte de la estructura originalmente), terminó reducido a hollín y restos de pólvora en menos de una hora.


La propuesta: Del fuego al Desmontaje Colaborativo

Frente a la emisión de gases y el desperdicio de recursos, surge una alternativa que permitiría mantener la esencia de "despedir lo viejo" sin necesidad de incendiarlo: el Desmontaje Colaborativo y Reciclaje.

¿En qué consistiría este cambio de paradigma?

  1. Deconstrucción en lugar de combustión: En vez de encender la mecha, el evento de cierre podría ser una performance de desmontaje. Las piezas del monumento se desarman frente al público, simbolizando que el problema que representan —en este caso, la adversidad ante la tormenta— se gestiona y se resuelve a través de la acción humana, no del fuego.

  2. Destino social del material: El chapadur, la madera y el cartón podrían ser recuperados. En lugar de contaminar, estos materiales podrían donarse a escuelas de arte locales, centros comunitarios para talleres de escenografía o cooperativas de reciclaje que reinserten la celulosa en el ciclo productivo.

  3. Modernización visual: El impacto emocional de la quema puede reemplazarse con tecnología. Shows de mapping o drones podrían representar la elevación del espíritu de la falla, permitiendo que la estructura física sea retirada de forma limpia y responsable.

"La tradición no tiene por qué ser una pieza estática de museo. En una ciudad costera que debe proteger su aire y su mar, transformar la destrucción en transformación creativa es el paso lógico para que la Falla siga cumpliendo otros 70 años".

El debate está abierto

¿Perdería su esencia la celebración si eliminamos las llamas? La verdadera esencia valenciana reside en el esfuerzo colectivo y la sátira social. Si ese esfuerzo terminara impulsando proyectos educativos o artísticos locales a través del reciclaje, la Falla dejaría una huella mucho más profunda en la comunidad que una simple columna de humo sobre la costa.

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