La Ficción de los Números y la Realidad del Plato Vacío
Por Amarcosfranco
El relato estadístico en Argentina parece haber entrado en una fase de realismo mágico. Mientras las planillas del #INDEC sugieren una retirada de la pobreza, la realidad que golpea en las góndolas y en los resúmenes de cuenta cuenta una historia diametralmente opuesta. Estamos ante una peligrosa desconexión entre la "pobreza de encuesta" y la "pobreza de bolsillo".
El reciente informe del CEDAF pone blanco sobre negro en esta inconsistencia. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), millones de argentinos habrían abandonado la pobreza. Sin embargo, cuando se contrastan esos datos con los registros administrativos —los salarios reales que efectivamente se pagan y las jubilaciones que se depositan—, la simulación es demoledora: la pobreza no bajó, subió. La mejora estadística no se explica por un aumento del poder de compra, sino por una subestimación metodológica de las canastas básicas que ya no representan el costo de vida real.
Pero el dato que termina de demoler cualquier triunfalismo oficial es el endeudamiento de supervivencia. Si las familias argentinas estuvieran realmente saliendo de la pobreza, no estaríamos registrando niveles récord de mora. Hoy, el nivel de deuda de los hogares representa el 140% de un ingreso mensual promedio. Las familias no se endeudan para progresar o comprar bienes durables; se endeudan para comer. El 33% de los ingresos mensuales se escurre en pagar intereses a billeteras virtuales y tarjetas de crédito que fueron utilizadas para financiar el supermercado y los servicios.
La morosidad en el sector fintech, que alcanza el 21,4%, es el grito de auxilio de un sector que ya no tiene de dónde recortar. Mientras el INDEC dibuja una mejora, el sistema financiero muestra a trabajadores formales atrapados en una calesita de deuda para cubrir lo básico. El consumo de carne —termómetro histórico de la dignidad argentina— sigue en niveles deprimidos que confirman que la mesa está siendo sacrificada.
La política no puede seguir refugiándose en encuestas que contradicen la caja de los supermercados. Salir de la pobreza no es una declaración jurada en una planilla; es recuperar la capacidad de llegar a fin de mes sin deberle la vida a una aplicación.

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